Vigil de Quiñones y Alfaro, Rogelio
Información personal
Nacimiento
1 enero 1862
Marbella (Málaga)
Fallecimiento
7 febrero 1934
Cádiz
Información profesional
Especialidad
Medicina preventivaVigil de Quiñones y Alfaro, Rogelio
Nacido en Marbella el 1 de enero de 1862, obtuvo el título de Medicina en la Facultad de Granada en 1886. Ese mismo año se convirtió en el primer médico titular de Chite y Talará (Valle de Lecrín, Granada), donde ejerció durante 11 años.
En octubre de 1897 se alistó en el Ejército como teniente médico provisional y fue destinado a Filipinas. En febrero de 1898 llegó a Manila y fue encargado de establecer y dirigir una enfermería en Baler. El 30 de junio, junto al resto de la guarnición española allí destacada, sufrió el famoso sitio de Baler durante 337 días, hasta el 2 de junio de 1899. La heroica actuación de Vigil de Quiñones, tanto por su labor facultativa como por su liderazgo y valentía, fue clave en la defensa.
Los sitiados afrontaron el asedio con escasez de víveres y bajo penosas condiciones de salubridad. Pronto, las carencias nutricionales de las raciones, unidas al desgaste físico, provocaron una epidemia de beriberi, enfermedad de la que se desconocían entonces su etiología y tratamiento. Sin apenas material ni medicamentos, Vigil tuvo que enfrentarse a ella, así como a las heridas provocadas por el fuego de cañón y fusil, la disentería y el paludismo.
El 13 de octubre resultó gravemente herido por una esquirla de cañón en el costado derecho. Aun así, no dejó de atender a los enfermos: era trasladado en una silla y se curaba con la ayuda de un espejo.
En diciembre, Vigil contrajo beriberi. Por las noches salía con Martín Cerezo, teniente jefe del destacamento, a la trinchera para ingerir las hierbas del entorno, tras lo cual observó una mejoría. Sin embargo, su estado empeoró cuando el acoso filipino impidió aquellas salidas. Asoció entonces la ingesta de vegetales con la mejoría. Al borde de la muerte, sugirió a su compañero que traer «algo verde» del exterior aliviaría su estado y el de los demás enfermos. Martín Cerezo organizó una batida que culminó con la quema del pueblo, circunstancia que permitió recolectar hojas de calabacera, platanera y otras hierbas. La ingesta de tiamina, como había intuido Vigil, resultó decisiva para combatir el beriberi y permitió prolongar la defensa otros seis meses, hasta el 2 de junio de 1899, cuando, sin víveres ni esperanza de ser socorridos, decidieron capitular honrosamente.
Por su comportamiento en Baler recibió dos cruces de 1ª clase de María Cristina y fue propuesto para la Cruz Laureada de San Fernando. Concedida inicialmente por el capitán general, el Consejo Supremo la denegó finalmente, alegando que, cuando sufrió la herida, se encontraba rezando el rosario junto al resto de la fuerza y no atendiendo a los heridos.
Tras regresar a España en 1901, ingresó en la Academia Médico-Militar, donde desarrolló una ejemplar carrera en la Sanidad Militar. Participó en tres campañas: en 1909, en Melilla (Guerra del Rif), donde obtuvo dos cruces de 1ª clase del Mérito Militar; en 1913, en Larache, cerca de Arcila, aunque tuvo que ser repatriado a Cádiz por paludismo; una vez recuperado, regresó al frente, donde permaneció hasta finales de 1914, enfrentándose a desafíos como la falta de auxiliares y el peligroso traslado de heridos. En 1920 volvió a Melilla como jefe de clínica de los grupos de hospitales militares Docker y Alfonso XIII, y ese mismo año fue nombrado director del hospital de sangre de Zoco el Telatza. Organizó el hospital de evacuación de Dar Drius, que dirigía en junio de 1921 durante la evacuación de Monte Arruit. Posteriormente colaboró en la creación del Hospital de Santiago. En 1924 pasó a retiro con el empleo de comandante.
En Marbella, una calle, una plaza y un parque llevan su nombre. En Sevilla también se le dedicó una calle, y el antiguo Hospital Militar llevó el nombre de Vigil de Quiñones desde 1980 hasta 2023.
La figura de Rogelio Vigil de Quiñones ha quedado marcada en la historia como la del médico de Baler, donde demostró sus extraordinarias cualidades y se ganó el afecto, la admiración y el respeto de todos los defensores, del mismo modo que ocurrió a lo largo de su carrera con sus compañeros y con quienes colaboraron con él. Estimado y admirado por sus cualidades personales, su probidad profesional, modestia, sencillez y espíritu de sacrificio, vivió fiel a sus dos pasiones: la medicina y la milicia, dedicándose con desvelo a los heridos, a los enfermos y a España.
Falleció en Cádiz el 7 de febrero de 1934. Sus restos fueron trasladados en 1945 al Mausoleo en honor de los Héroes de Cuba y Filipinas (Madrid), donde descansan en la actualidad.
Bibliografía
MARTÍN CEREZO, S. (1904). El sitio de Baler (Notas y recuerdos). Guadalajara, Taller tipográfico del Colegio de Huerfanos.1.ª ed.
LEIVA RAMÍREZ, M. (2025). Vigil de Quiñones. El médico de Baler. Madrid, Ministerio de Defensa.
Autor: Manuel Guiote