Orad y Gajías, Urbano

31 octubre 1849 - 18 febrero 1935
Orad y Gajías, Urbano
Urbano Santos Orad y Gajías nació en Alfajarín (Zaragoza) el 31 de octubre de 1849, hijo de José Orad Antío y María Gajías Calvete. Tras la muerte de su padre, se trasladó con su madre y hermanos a Zaragoza, donde cursó estudios en la Facultad de Medicina, licenciándose en 1876.
En 1877 ingresó por oposición en el Cuerpo de Sanidad Militar con el empleo de médico segundo, siendo destinado al Regimiento de Infantería de León, en el Ejército de Operaciones del Norte. Ese mismo año pasó al Regimiento de Vizcaya y, por sorteo, al Ejército de la isla de Cuba, donde fue nombrado médico primero de Ultramar. En la isla ejerció en los hospitales militares de La Habana, Jiguaní y Santa Clara, participando activamente en la lucha contra la epidemia de fiebre amarilla, enfermedad que contrajo en dos ocasiones, de la que logró restablecerse.
En 1881 obtuvo el grado de médico mayor por méritos de servicio. Tras cumplir su tiempo reglamentario en Ultramar, regresó a la Península y fue destinado al Regimiento de Infantería de Galicia, de guarnición en Zaragoza, y posteriormente al de Málaga, ubicado en Melilla. En 1885 contrajo matrimonio en La Habana con Blanca Rosa de la Torre y Morales, condesa de Jurienne, con quien tuvo varios hijos.
Su espíritu de servicio lo llevó a solicitar nuevo destino en zona de operaciones. En 1894 regresó voluntariamente a Cuba, siendo destinado al Hospital Militar de Bayamo y, más tarde, al Batallón de Bara, donde participó en la acción de El Cacao, el 27 de junio de 1895, durante la Guerra de Independencia. Al quedar aislado su destacamento, organizó la defensa de un grupo de soldados heridos, protegiendo las municiones y manteniendo el fuego hasta lograr salvar a sus hombres, pese a resultar herido en el tobillo. Su conducta ejemplar fue reconocida con la concesión de la Cruz de San Fernando de 2ª Clase, Laureada, la más alta distinción militar española, convirtiéndose en el primer médico laureado del Cuerpo de Sanidad Militar.
A su regreso a España en 1897 fue recibido con honores por sus compañeros, la Cruz Roja y el Colegio de Médicos de Zaragoza. Posteriormente fijó su residencia en Melilla, donde presidió la Cruz Roja local y participó activamente en la vida sanitaria y social de la ciudad. En 1905 fue ascendido a teniente coronel del Cuerpo de Inválidos y en 1913 alcanzó el grado de coronel.
Su pensamiento reformista se manifestó en el Segundo Congreso Africanista, celebrado en Zaragoza en 1908, donde intervino como delegado de la Sociedad Industrial del Norte de África. En su ponencia defendió la armonización de los poderes civil y militar en las plazas del norte de África, la creación de un cuerpo de ejército colonial, la mejora de las infraestructuras sanitarias y la enseñanza del árabe. Su intervención reflejó una visión avanzada de la función del médico militar en los procesos de modernización institucional.
Durante los sucesos de Melilla en 1909 prestó servicios voluntarios en primera línea, asistiendo a los heridos en el Barranco del Lobo y en la toma de Taxdir, por lo que fue nuevamente distinguido al mérito militar. En los años siguientes residió en Madrid, donde fue nombrado general honorario y se le concedió la Medalla de Sufrimientos por la Patria.
El recuerdo del coronel médico Urbano Orad y Gajías se mantiene vivo como símbolo del compromiso, el valor y la vocación humanitaria del médico militar. En reconocimiento a su figura, el Hospital General de la Defensa de Zaragoza lleva oficialmente su nombre desde 2002, perpetuando así su memoria entre las generaciones de sanitarios de las Fuerzas Armadas.
Falleció en Madrid el 18 de febrero de 1935.
Bibliografía
MANUEL DE PAZ SÁNCHEZ. Urbano Orad y Gajías (1849–1935): médico, héroe de guerra y masón. Revista de Estudios Históricos de la Masonería Latinoamericana y Caribeña, 9 (2), 93–112 (2017).
ALEJANDRO BELAÚSTEGUI FERNÁNDEZ. José Salvany y otros médicos militares ejemplares: inicio de una lucha contra el olvido. Madrid: Ministerio de Defensa, pp. 85-92 (2006).
Autor: Rafael García Cañas