Hernández Guerra, José Domingo


16 febrero 1897 - 2 octubre 1932

Hernández Guerra, José Domingo

Nació en Tejeda (Las Palmas de Gran Canaria) el 16 de febrero de 1897. Realizó sus estudios de Medicina en el Colegio de San Carlos de Madrid, siendo alumno de Santiago Ramón y Cajal. Ya de estudiante comenzó su relación, que acabaría siendo muy profunda, con el que sería su maestro Juan Negrín López. En 1916 siendo alumno ingresó como Ayudante del Laboratorio de Fisiología de la Junta de Ampliación de Estudios, para al acabar la licenciatura comenzar a trabajar con plaza de médico. En 1920 fue pensionado por la Junta de Ampliación de Estudios para ampliar estudios en el campo de la fisiología experimental en el Colegio de Francia con Eugène Gley  y Louis Lapicque. A continuación, en 1921, se trasladó a Bruselas donde lo hizo con Nathan Zuntz en el Instituto Fisiológico y a Berna con León Asher.

A su vuelta a España en 1922 obtuvo el grado de doctor con la tesis titulada La resistencia muscular a la fatiga en condiciones fisiológicas y fue nombrado Profesor Auxiliar de la Cátedra de Fisiología que regentaba Juan Negrín, haciéndose cargo de forma absoluta por encargo de su maestro de la organización de la docencia práctica. En este sentido puso en marcha un sistema de enseñanza práctica de la Fisiología, tomando como base el método experimental, totalmente desconocido en España, y que había visto en sus estancias fuera de España. En 1926 obtuvo, por oposición, la Cátedra de Fisiología de la Universidad de Salamanca. En 1929 renuncia a ella debido a su dotación insuficiente, volviendo a Madrid donde ganó por concurso-oposición la plaza de Jefe de la Sección de Farmacología Fisiológica del Instituto de Farmacobiología de la Junta de Ampliación de Estudios, dirigido en ese momento por Francisco Murillo Palacios, y organizando uno de los laboratorios de investigación más modernos y competitivos de España.

Fue uno de los valores más firmes de la escuela fisiológica española realizando importantes aportaciones en su breve vida, siendo un exponente y consecuencia de la política científica que se estaba siguiendo en esos momentos en España. Entre sus contribuciones merece una especial mención sus importantes trabajos sobre vitaminas, en los que puso en marcha el desarrollo de nuevas técnicas para su determinación tanto por métodos químicos como biológicos, técnicas que tuvieron honda repercusión en el mundo científico y que fueron largamente empleadas por multitud de investigadores durante muchos años tanto en España como fuera de ella. Con estas técnicas realizó el primer estudio conocido en nuestro país sobre el contenido en vitaminas de determinados productos y alimentos españoles, estudio que marcó un hito pues no existía ningún estudio anterior. Estudió también los efectos paradójicos de los extractos pancreáticos sobre la contracción cardiaca, y con Negrín profundizó sobre los mecanismos funcionales de las glándulas suprarrenales.

Entre sus publicaciones, escasas por su corta vida pero importantes por su trascendencia, destaca su libro Elementos de Bioquímica (Madrid, 1927 y 1929) en colaboración con Severo Ochoa que alcanzó varias ediciones y fue un libro muy estimado por profesores y alumnos. Otros trabajos que vieron la luz fueron: Estudios sobre la substancia receptiva: El mecanismo de la acción vasoconstrictora del cloruro bárico y la acción del curare y de la nicotina sobre los vasos (1919), La acción del “piqûre” sobre la presión arterial (1919), La dillatation pupillaire aprés la “piqûre” (1920), De la acción reforzadora de los extractos pancreáticos sobre la fuerza de las contracciones cardiacas (1921) y Contribución al estudio del trabajo del corazón (1921).

Falleció en Madrid el día 2 de octubre de 1932.

Discípulos

Entre otros, Severo Ochoa de Albornoz.

Bibliografía

NMM. José Domingo Hernández Guerra, Residencia, III, 149 (1932).
UNIVERSIDAD LAS PALMAS DE GRAN CANARIA. Solicitud de creación del Instituto Universitario de Biome- dicina Hernández Guerra. http/www5.ulpgc.es/servidores/csicsif/infouni5.htm, 19 de febrero de 2002.

Autor: Manuel Díaz-Rubio